domingo, 11 de noviembre de 2012
Suerte que en el Sur hayas nacido, y que burlemos las distancias, suerte que es haberte conocido, y por ti amar tierras extrañar. Yo puedo escalar los andes, solo, para ir a contar tus lunares, contigo celebro y sufro todo mis alegrías y mis males. Suerte que es tener labios sinceros, para besarte con mas ganas, suerte que mis pechos sean pequeños y no los confunda con montañas, suerte que herede las piernas firmes para correr si un día hace falta y estos dos ojos que me dicen que han de llorar cuando te vayas.
Hay cosas que tengo que decirte:
Te pido perdón por las cosas que no te di, no te haré sonreír. Sólo quería envejecer a tu lado para que pudiéramos reírnos viendo cómo se nos arrugaba el cuerpo, juntos hasta el final, en el lago de nuestro cuadro -ése era nuestro cielo, ¿sabes?-; se echan de menos muchas cosas, libros, siestas, besos, ¡Discusiones! Las hemos tenido buenas... Gracias por eso, gracias por cada detalle, gracias por ser alguien de quien siempre he estado orgulloso, por tu coraje, por tu dulzura, por lo guapo que has sido, porque siempre he querido acariciarte...Te pido perdón por las veces que te he fallado, en especial por ésta...
Las buenas personas acaban en el infierno porque no saben perdonarse a sí mismas. Yo no puedo, pero te perdono a ti... porque eres tan maravilloso que una mujer preferiría el infierno al cielo solo por estar contigo*
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